viernes, 30 de enero de 2015

Una y una comadre...

Si usted algún día estuvo enamorado de mi por favor dígamelo, no se vaya a la tumba con ésa agonía, con ésa flema emocional. Dígamelo porque aunque usted haya tomado su rumbo y yo el mío nos seguimos fundiendo en el dolor de no podernos olvidar y yo le pregunto con toda sinceridad, a usted le parece justo?
Justo es que me lo diga a la cara sin refutar, que se haga una introspección y tenga el coraje de cantarme la tabla. No me salga ahora con que después de 40 años no conoció el amor pero que tiene la certeza de que si algo se le parece es el sabor de mi nombre y el olor de mi pelo; Dejé lejos mi pueblo, mi vida, mi juventud, usted cree que no lo recuerdo?
No me salga con estas niñadas que ya no estamos para juegos, porque no lo me lo dijo antes cuando era más fácil contar de ceros, cuando ya estoy tan lejos, cuando su recuerdo es lo único que me acompaña, cada día, cada noche, cada intento.
 Que para usted no es fácil? Dígamelo a mi que ahora me dio el arranque de volver a mi campo y sentir el pasto y el olor a caballo y su mano siempre tibia. Repítame que soy como nadie que conoció jamás y que aunque bien lejos lo lleve el camino se acordará de mi; que aunque nuestro día a día ya no sea contemplar los atardeceres por multiples que haceres cuando caiga la sombra de la noche jamás me olvidará. No se muera con esa agonía se lo pido por favor, porque no hay peor temor que la palabra nunca dicha, el amor jamás revelado y el golpe de viento que se pasma entre el medio del pecho y el corazón.
De mi boca no saldrá palabra hasta escuchar su confesión, me va a dejar aquí sentada? Sea honesto y ajustese el cinturón que no hay peor perdedor que el que ni dá la batalla. Bien me lo decían en mi tierra, malaya sea la hora, que la vida es el trabajo y los amores son cábala. Carajo! Qué me iba a imaginar yo que tendrían razón.
Tenga la bondad y déjeme morirme en paz que después de haberlo enterrado en mi memoria no puede venir a figurar. Quien se ha creido usted para venirme a engañar decirme que no conoció amor más sincero que el canto de un balsero cuando le entrega a la luna el trabajo y el sudor al zorzal.
Mejor no me diga nada, que ya es tarde para reparar, acérqueme su cevada y vamos por el camino a cantar, que las penas del pasado en el pasado se deben ahogar, que el llanto de lo vivido se quede fundido en el placer matutino de recordarlo al llorar.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Ejercicio de Confianza... Castigo supremo!

Al Llegar a la ciudad sentí la necesidad imperiosa de re-conectar con mis círculos afectivos más cercanos, la distancia y el tiempo cuando se está lejos producen esa sed de sentires conocidos. Durante el viaje no hice más que imaginar uno a uno los encuentros con aquellas personas que por varios años anhelé abrazar en cada cumpleaños, cada navidad y cada fiesta que lo ameritara. Sentía que en un día podía recorrer la ciudad de punta a punta solo para decirles “Hola, ya estoy aquí” y después, sólo después de eso dedicarles un día a cada uno desde la mañana hasta la noche, prestarles mis oídos y contarles mis historias hasta quedar tan exhausta que retornaran a la normalidad mis horas de sueño que hace bastante perdí.
Volver a la ciudad huele como febrero cuando está cerca el fin de las vacaciones y retomas la escuela, los horarios, el agite de la mañana diría mamá; Además de todo eso huele a nuevo! A cuadernos norma, a delantal blanco impecable, a medias del Only, a caja de colores completa. Volver al pueblito de nuevo es volver a vivir. Y aunque me sentía extasiada de recordar y recorrer y charlar y abrazar y caminar etc., también necesitaba volver más que nada a ellos… a esos custodios de mi vida, aquellas personas que me conocen más que nadie y que por suerte aún puedo contar con una sola de mis manos. 
Supongo que te preguntas porque siendo el primero en saber de mi arribo fuiste el último a quien quise ver –Le dije entre risas por teléfono como era usual – y mientras tanto recordaba que era imposible para nosotros sostener una charla civilizada por varios motivos, los más relevantes eran: 1. El sarcasmo era nuestro tercero en discordia. 2. Nuestras conversaciones siempre terminaban siendo una batalla intelectual injustificada, 3. Hablábamos por horas eternas porque ninguno cedía el honor del argumento sintético que diera por finalizada nuestra contienda como cuando eras niño y querías al menos dar el último suspiro antes de terminar la conversación. Antes de continuar debo aceptar abiertamente que sí, que por supuesto eres poseedor de un cerebro como pocos que conocí, tu irreverencia, tu antipatía y tu ego no son más que muestras de que eres poseedor de una inteligencia asombrosa, miras a todos con desprecio y sus sueños e ilusiones te parecen historietas a medio terminar, todo lo cuestionas y todo te parece mal bajo cualquier punto de vista, pero yo no me privaría jamás del placer de escucharte, por eso te llamé, para refutarte y para joderte la vida, porque lo mejor siempre se deja para el final o por lo menos en mi caso ése es mi sello personal. 
Cerveza? Ó la maestría te enriqueció el paladar? - le pregunté – Empecemos con cerveza –respondió- floja respuesta para iniciar la jornada que como era de saberse tendría desconocido final, con él jamás te imaginarías el final de lo que fuera, todo era sorpresa; la noche podía ser bohemia y tranquila o como la recreación misma de la película dirigida por Danny Boyle “trainspotting”.
Qué placer recordar aquel par de años juntos, indiscutiblemente la convivencia entre un sociólogo y una diseñadora de indumentaria era toda una hazaña sumándole tu comportamiento, un niñito mimado de mamá que no da su brazo a torcer, caprichoso, imponente, indulgente, terco, rebelde infumable. Adoraba tus estados alterados de conciencia aunque sentía un poco de temor, tanta locura suelta, una montaña rusa. Ya conocía como terminaban las tertulias con amigos, ires y venires que capitalismo, que comunismo, que Parodi, que Mars Volta, que usted me dijo y yo a usted, que el comandante Chávez y más temas de los que no quiero hablar. Al final caminábamos desde la séptima por la 53 y ahí me llenaba de temor. Recuerdas ejercicio de confianza? Malnacido!!! – Risas – Como olvidarlo niño - (siempre me dijo niño y nunca entendí por qué, de hecho su círculo familiar y social me llamaba niño y no por mi nombre). Ejercicio de confianza era la cosa más cruel que alguien me hizo jamás, es que conmigo te convertías en el hermano mayor del demonio (pobre momo como le decía a su hermana menor, aún me pregunto cómo lo soportó durante tanto tiempo). Mide aproximadamente 1.88 de estatura si no me equivoco y yo escasos 1.56 y así andábamos por las calles, orgullosos, yo parecía su llavero; nos gustaba imaginar qué podía pensar la gente que pasaba extrañada y nos observaba, yo siempre decía que se les debía ocurrir algo como: “pobre muchacha, si la agarra la mata”. Volviendo a ejercicio de confianza, con un solo brazo me rodeaba por encima del hombro y su enorme mano de pianista me tapaba por completo los ojos, así me hacía caminar desde la séptima con 53 hasta su casa y todos pensarán, “awww que dulce le describía el camino” pues NO!!!!!!! El muy infeliz me decía que suba el pie cuando en realidad debía bajarlo, o directamente no me decía nada! Andar por la calle con él era un castigo supremo literalmente, pero cuando amas de verdad todo se vuelve complicidad y risa y confianza y yo amaba, disfrutaba y reía de verdad, sus ocurrencias, sus discursos sociopolíticos, su extrema auto-exigencia intelectual y hasta su cabeza dada vuelta, sus crespos y sus lentes culo botella me parecían adorables.
Entre cerveza y risas y recuerdos charlamos de nuestro viaje a la isla, tremenda experiencia. Reíamos recordando la llegada a Cereté donde me hiciste buscar desesperadamente la casa de tu poeta favorito Raúl Gomez Jattin y cuando llegaste para mi sorpresa solo te sentaste en el pavimento a observar, solo eso y así fuiste feliz. Después el hilo conductor de nuestras historias nos llevó por la travesía hasta la casa de el gordo Eutimio, cabe resaltar a Eutimio en esta historia, señor de señores, era el rey de los pescadores camaroneros del lugar, un gorila con los ojos más dulces que ví y un corazón de oro que fue dado de baja por intereses políticos de los cuales prefiero no hablar porque duele. Jamás entendí porque sentías celos de él, si te aclaré que mi gusto se inclinaba muy por el estilo Lenny Kravitz y realmente Eutimio no encajaba en ése prototipo. 
La hospitalidad y atenciones de Eutimio para con nosotros fueron quizás mucho más de lo que merecíamos, aun lo recuerdo con mucho cariño, es que, hasta nos salvó de la muerte, una vez más por caprichosos e insolentes. Eutimio tenía una lancha con la que hacía viajes cortos a una isla que se hallaba a una hora sobre el pacífico, un paraíso inexplorado donde una de las atracciones era conocer “el árbol que camina” una farsa total, pero paraíso al final, hermoso e inexplorado repito; nuestro regreso debía ser antes de las 5 porque el mar se “picaba” pero nosotros como siempre tercos e indomables hacíamos de las nuestras. Terminamos saliendo sobre las seis de la tarde… mierda que fue mala idea! Viví una de las peores horas de mi vida, jamás lo repetiría, lloré, grité recé, pedí perdón por mis pecados y hasta prometí no volver a comer pesca´o si la virgencita de Guadalupe nos salvaba de ésa y al final de toda la experiencia solo nos quedó foto mía besando la tierra y llorando mientras tu reías como condenado. Aún la conservas yo lo sé. 
Era la hora y ya debía irme y le dije: “Detesto las despedidas y la nuestra no fue la excepción sabes?” Aquellos tragos contigo fueron el equivalente a transitar “stairway to heaven” cantando “all my love” de Zeppelin. 
Sabes porque quería verte después de visitar mis 4 pilares previamente? Porque no podría irme de la capital sin que mi último momento fuera presenciar esa mini-expresión pandémica de mariposas en tus ojos cuando de mis labios expulsara las palabras: castigo supremo, Helguitos, momo, ejercicio de confianza, Eutimio, poesía, Raúl Gomez Jattin, Mars Volta. Niño. Ya lo presencié, ya te ví, hecho y deshecho y renové tu interés. De nuevo me voy.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Piso 1 Departamento C blablabla

Debo confesar honesta y abiertamente que jamás imaginé ser una maldición en la vida de alguien. Es que el destino tiene sus artimañas y las cartas están echadas… cuándo no es, no es, punto y aparte - se.
No recuerdo exactamente la fecha, solo sé que habían pasado algunos días de mi último cumpleaños, lo recuerdo porque cuándo se paró frente a la puerta de ingreso de mi oficina piso 1 (con una panorámica increíble por ser totalmente vidriada), me encontró comiendo un chocolate de los que me había obsequiado como siempre mi jefe, cabe aclarar que el jefe “pluma blanca” como le decía de “cariño” era muy original; al momento de regalar para él jamás había una mejor oportunidad bien fuese el día del trabajador, el día de la secretaria, ó el natalicio para “endulzarnos la vida” con una modesta (por no decir tacaña) cajita de calorías que yo siempre recibía con fingida sorpresa.

Volviendo al ruedo, cuando el sujeto llegó a mi oficina aparte de encontrarme comiendo chocolate cual solterona deprimida en horario laboral logró sorprenderme; es que no todos los días particularmente en esta ciudad una se encuentra con tamaños sementales porque dejándonos de pendejadas aquí el mercado fresco es escaso y aún peor el tipo la tenía más que clara, era un bombón. Eran pasadas las 11, traía su teléfono celular y una banana en la mano, 100 kilos de músculos cada uno en el lugar que le correspondía, en un orden casi perfecto, una sinfonía sincronizada. Lomazo! Habló con mi compañero y blablablá necesitaba un video de ingreso al edificio, el motivo: era separado y su mujer había ingresado a llevarse a su hija de una manera un tanto agresiva… Ya para la primera vez traía una pequeña y densa sutileza karmatica (La ex). 

Día de por medio se acercaba a la oficina con un celular y una banana en la mano, el resto era más que músculos, músculos, músculos, malos pensamientos blablablá… 
El sujeto que teóricamente tenía acceso a las grabaciones de video del edificio hizo de las suyas y apareció después de muchos días sólo cuando le vino en gana… Yo feliz de que pasaran los días y no viniera! Al musculoso ya le tenía la hora de arribo a mi oficina calculada: 11am. Pasado un tiempo de visitas jornada de por medio, descubrí que no solo era una masa corporal tallada sino que tenía ojos y eran grises, hermosos como para cerrar con broche de oro mi pobre tragedia… cuándo los veía de frente y directo quedaba absolutamente sumergida en ellos. Sólo un psicópata puede tener una mirada tan bella. Simplemente llegaba con su aire de grandeza (porque repito, la tenía clara, era un bombón) miraba fijo a los ojos, preguntaba si había venido el del video y ante la respuesta positiva de ése día me pidió para mi sorpresa mi teléfono y se fue, así no más, con mi número agendado en su celular, una banana en la mano y olor a hormonas. 

Ese mismo día me llamó, me invitó a una fiesta electrónica… cero tacto, porque evidentemente mi look de la oficina no dá para invitarme a algo ruidoso, mi cara de hippie vegetariana, mi pelo ondulado y desprolijo esta vez no hablaron por mí. Le dije que no, que gracias, que prefería un café ó algo más tranquilo en otra oportunidad y pensé –Jamás me va a llamar de nuevo- pero para mi sorpresa no fue así; inventó un mejor plan, algo más relajado ¿Vamos a cenar? -me dice- ¿Porque no? -Pienso yo-.
Y bien salimos, nada mal, buena charla, buen vino, buena propina, ojos grises, lindo olor a hormonas. Avanzaron los días y a las 6 se hizo costumbre un poco de rubor, brillo en los labios, buclecitos más redondos, corazón palpitante piso 2 departamento C, sí, así como la inicial de su nombre y su apellido, tecito, películas, sushi, departamento de soltero, olor a hormonas, animal y presa, otra dimensión de mí, día y noche.

Con el tiempo y las salidas conocí más de él, es necesario confesar que si bien su mirada era psicopática, generaba en mí una cierta atracción casi fatal aunque no quiera caer en la frase cliché. Sentí que le conocía de antes, de tantas vidas atrás, tanto que no me sorprendió el día que me respondió que en su vida pasada había sido un Gladiador; ya estaba acostumbrado a mis preguntas casi infantiles sobre reencarnación y demás, al punto que sabía cómo maniobrar para dar vuelta a mi ridiculez como aquella vez que hizo alusión a mis casi 30 años (aunque él tenía 42 encima muy bien llevados) y le respondí que no, que yo era un bebe, me miró más fijo que nunca y me dijo – No, vos sos una mujer- quedé absolutamente fascinada y pensé en Silvio Rodriguez y esa fatídica frase: “Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta” pero me quedé callada y respondí desafiante a su mirada con mis ojos puestos en los suyos. Lenguaje corporal puro… blablablá.

Había aspectos de su vida que me desconcertaban, eran cosas, cuestionamientos ó situaciones que me hacían preguntar ¿Cómo un individuo tan dulce y tan salvaje, tan caballero, tan silencioso, tan multidimensional, tan, tan y tan, puede ser poseedor de tantos líos? Su vida parecía un doble discurso no solo estaba plagado de problemas familiares, sino personales y judiciales. Parecía ser dos personas diferentes en un mismo cuerpo, firme, con olor a hormonas, músculos, músculos, músculos, malos pensamientos.

Una semana antes de conocernos sin saberlo ya tenía noticias de su existencia. Prueba de que mi ser se acercaba al suyo. En extrañas circunstancias desconocidos habían destrozado el frente de su local de indumentaria deportiva y cuando me cruzó en la oficina vino por aquello de su hija y blablablá líos y más líos. Así empezó el embrollo, cada día un lío legal, una carta documento, una vidriera rota, una ex enardecida, discusiones telefónicas blablablá, yo en el sillón con él entre mis brazos piso 2 departamento C. Doble discurso, dos personas un mismo cuerpo. Músculos, músculos, músculos, mejor no pensar.

Mi esencia hippie poco a poco desentonaba con tanta contradicción. A pesar de mis sentimientos y de poder hundirme en esos ojos decidí alejarme, lo más que pude fue al piso 1, no llamadas, no mensajes, no delirio, no oposición de su parte. 
Pasó un tiempo, quizás dos ó tres meses y cuando volví a escuchar su nombre fue porque un uniformado de la Policía Investigativa lo buscaba en el edificio más exactamente en mi oficina, jamás quise averiguar porque y solo agradecía a la vida por la fuerza que tuve para romper aquel vínculo y dejar de visitar aquellos músculos, aquel olor a hormonas, aquel doble discurso, ésa doble moral, animal y presa.

Su cercanía era maldición y la mía en su vida era lío, lío, lío, fue tanto lo que el universo se empeñó en mantenernos alejados que sólo cruzarnos podría terminar en un accidente casi trágico, no miento, juro fue así aunque dudo que el ya lo haya notado. Recuerdo un día de primavera en el que nevó y pasados tres meses desde la última vez no se me ocurrió mejor idea que enviarle una foto de su auto con nieve a las 8:00 con un mensajito de texto que rezaba: “Yo de ti me quedo debajo de las cobijas” a lo que respondió: “Que lindo, me voy a andar en cuatrimoto por el cerro”, pasadas las 12 del medio día le envié un mensaje que decía: “ Y? como estuvo tu aventura?” Nunca respondió.

Pasados quizás cuatro meses ó más un sábado saliendo del edificio y de manera inevitable me saludó, sugirió que debíamos vernos como en los viejos buenos tiempos y no dudé decir que sí, que nos veíamos a la noche, que blablablá, un poco de rubor, brillo en los labios, buclecitos más redondos, corazón palpitante … Durante la cena me contó que el día de la nieve primaveral retrocediendo en el cerro su cuatri cayó 150 metros al vacío y se salvaron de milagro junto con su amigo, ni un rasguño en ésos músculos, ojos grises, una tragedia tras otra. Y al mejor estilo de la película destino final fue pasada una semana de ése accidente que su amigo retrocediendo perdió el control de su cuatri le cayó sobre la pierna y se la fracturó en 16 partes. Líos, líos y más líos. 

El propietario del departamento C piso 2 creyó que la venganza del destino no vendría por él como sí lo hizo con su amigo ya que habían pasado dos meses desde aquel incidente y permanecía intacto, pero lo que no recordó era que con solo cruzarnos se potenciaba su Karma, pasados cinco días desde nuestra última cena tras encontrarnos a la salida de la oficina y de intentar recomponer nuestra distorsionada relación, explotó sobre el sin motivo aparente una pecera de 2 metros que había diseñado para su hija en el departamento. Resta decir que se inundó el A, B, C, D, E, piso 2 y mi oficina. Jamás lo volví a ver.

Mi jefe “pluma blanca” el de los chocolates repetidos tenía razón. Las peceras son de mala suerte.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Carta cobarde...

Aunque te aventures en avión, en barco, levitando o a pie, me llevaras contigo; mas cuando los estados alterados de conciencia sean tus compañeros en la penumbra. En la soledad te dolerán los dedos en batalla por negarte a dedicarme unas cortas palabras hundido en la distancia... lo tuyo es un suicidio in-asistido, un sincericidio inclemente que te culpa por negarnos. Te dolerá el olor de atardecer rosa de mi Patagonia y correrás por el mundo intentando olvidar, aprendiendo mil idiomas en los que mi nombre se pronunciara de la misma manera y desearas que te espere alguien al final del túnel en cada aeropuerto, en cualquier aeropuerto del planeta, de madrugada, después de un arduo día de trabajo con un beso, espaguetis y rock & roll... mar helado, noche de invierno.
Y yo? Yo en su momento me iré bien a la mierda también, como siempre... mira donde estoy hoy. Viviré en una isla con el sol y el mar, pero no en un mar Patagnico en el que es imposible sumergirse y ver los pecesitos a menos q uses un traje de astronauta. Me iré al mar tibio, con 3 patitos de hule, un par de antiparras, 30 libros, 2 macumbas y haré incontables limonadas con menta y jengibre... encontraré a mi paso mil flores gigantes de diente de león, estaré mas cerca de mis afectos y como nunca de mi verdad. En los solsticios esperare una llamada de noche con luna pasados los 21 días desde la ultima vez, para preparar tu llegada que jamas llegara. Seré la Penelope de mi propia historia, que cosa casi miserable lo mio, no?!! ...Quizas casi como lo tuyo aunque no tanto, por que es mas miserable ocultarse de uno mismo...



Cuanto mas rápido hagas tus maletas y te vayas de esta tierra infernal, reseca e infertil, mas pronto volverás a mi, lo sabe mi alma por que muchas veces y vidas te vi partir y volver .... y esta no sera la excepción.
Dedicado a un amor delirante... buen viento y buen amar...

lunes, 20 de octubre de 2014

Hay babas que jamás se borran...

Hay amores y amores, este fue uno corto, como todos los buenos, como todos los MUY buenos. Como olvidarse de un amor de academia, un amor con olor a lluvia, a avenida Caracas, a humedad, a viernes en el centro de Bogotá.
Cómo olvidarse un amor de narices de Clown, tardes grises y perros imaginarios, de miedo a la anorexia, de aparatos en los dientes, de sonrisas oxidadas, de “siempre te quise hacer el amor”, tardes de pinceles, de cuadros de Dalí, ensayos de teatro, de ser niños jugando a querer.
Como olvidarse del olor a amor, a sueños, a risa, a arte.
Cómo transmitir lo que sentí cuando me dijiste: “y olías tan rico”, “y tus dientes eran tan lindos” y qué decir de cuando te pregunté a qué olía cuando era niña y me respondiste: “olías a uno de los momentos más lindos de la universidad: al amor…”
y yo? Yo que te puedo decir de mí ? Si me encuentro con estos recuerdos y me siento rota, si me muero por volver a oler a amor, a niña, a humedad, a Bogotá a smog, a Candelaria, a macarena… a chorro de Quevedo, a callesitas de piedra, a Monserrate, a Guadalupe! quiero oler a 17 años, a vinilo, a clases de arte, a disfraces con polillas, a obras de teatro, a cuenteros, a final de semestre, a viernes de porro, de joropo, de cumbia, a saxofón… a babas de adolescente! A perrito fifi.
Ahora huelo a Geranio y Jazmín, a Patagonia Argentina, a sueños rotos, a noches de luna llena, a cosas de adulto, a tocando los 30, a te quiero ver… 

Tips de cordura para el circo de la vida

Y tuve que adiestrar mi corazón y dejar de querer salvajemente y comportarme socialmente tolerable; dejé de hacer cosas que sorprendieran a las personas por que les gusta que las situaciones se encuentren siempre bajo control. Empecé a diseñar estrategias porque instintiva y naturalmente no se puede vivir, hay que seguir las reglas para que todos entendamos de qué estamos hablando. Aprendí a medir mis palabras, a controlar mis pensamientos y a ocultar mis sentimientos, sin sentido me avergonzaba de ellos, quería como un animal, sin esperar nada a cambio, sin hora, sin día, sin sol y sin luna… simplemente quería. No llamar a deshoras, no visitar sin previo aviso, ni extrañar, no besar sin preguntar, no hablar temas sensibles, no cuestionar mucho, jamás abrazar por abrazar, menos sin algún motivo aparente ó alguna ocasión especial y estar adecuadamente disfrazado para todas las ocasiones son cosas que he aprendido gracias a las cuales he podido ocultar mi infantil naturaleza...


viernes, 6 de junio de 2014

Frio en el cordon umblilical...

El invierno tiene lo suyo...
tiene lo suyo cuando estas en el medio del campo
cuando los arboles están desnudos
cuando aunque parezcan sin vida realmente están confeccionando sus trajes de gala para esperar la fiesta de la primavera. 
El invierno tiene lo suyo…
El invierno tiene lo suyo cuando los pájaros por fin pueden disfrutar de los niditos que con tanto esfuerzo gestaron
son cientos de pequeños viajecitos y miles de aleteos, ires y venires, brisitas, vientos, ventarrones, días de sol, días de lluvia.
El invierno tiene lo suyo...
mantito blanco que te penetra en el pecho y te hace sentir vivo, que te congela hasta las uñas y se exorciza al hablar.
El invierno tiene lo suyo...
olor a tierrita patagónica, sonido de ramitas secas, vientito helado que te empuja, barrito hacedor de vasijas y ollas y casa de la abuela, crujir de troncos, que aun muertos son calor antes de convertirse en ceniza y en abono y en árbol de nuevo.
El invierno?... El invierno es espera, paciencia, calma…
El invierno? El invierno tiene lo suyo…

Dedicado a:
Andre Bruno
Martha Samaca