viernes, 30 de enero de 2015

Una y una comadre...

Si usted algún día estuvo enamorado de mi por favor dígamelo, no se vaya a la tumba con ésa agonía, con ésa flema emocional. Dígamelo porque aunque usted haya tomado su rumbo y yo el mío nos seguimos fundiendo en el dolor de no podernos olvidar y yo le pregunto con toda sinceridad, a usted le parece justo?
Justo es que me lo diga a la cara sin refutar, que se haga una introspección y tenga el coraje de cantarme la tabla. No me salga ahora con que después de 40 años no conoció el amor pero que tiene la certeza de que si algo se le parece es el sabor de mi nombre y el olor de mi pelo; Dejé lejos mi pueblo, mi vida, mi juventud, usted cree que no lo recuerdo?
No me salga con estas niñadas que ya no estamos para juegos, porque no lo me lo dijo antes cuando era más fácil contar de ceros, cuando ya estoy tan lejos, cuando su recuerdo es lo único que me acompaña, cada día, cada noche, cada intento.
 Que para usted no es fácil? Dígamelo a mi que ahora me dio el arranque de volver a mi campo y sentir el pasto y el olor a caballo y su mano siempre tibia. Repítame que soy como nadie que conoció jamás y que aunque bien lejos lo lleve el camino se acordará de mi; que aunque nuestro día a día ya no sea contemplar los atardeceres por multiples que haceres cuando caiga la sombra de la noche jamás me olvidará. No se muera con esa agonía se lo pido por favor, porque no hay peor temor que la palabra nunca dicha, el amor jamás revelado y el golpe de viento que se pasma entre el medio del pecho y el corazón.
De mi boca no saldrá palabra hasta escuchar su confesión, me va a dejar aquí sentada? Sea honesto y ajustese el cinturón que no hay peor perdedor que el que ni dá la batalla. Bien me lo decían en mi tierra, malaya sea la hora, que la vida es el trabajo y los amores son cábala. Carajo! Qué me iba a imaginar yo que tendrían razón.
Tenga la bondad y déjeme morirme en paz que después de haberlo enterrado en mi memoria no puede venir a figurar. Quien se ha creido usted para venirme a engañar decirme que no conoció amor más sincero que el canto de un balsero cuando le entrega a la luna el trabajo y el sudor al zorzal.
Mejor no me diga nada, que ya es tarde para reparar, acérqueme su cevada y vamos por el camino a cantar, que las penas del pasado en el pasado se deben ahogar, que el llanto de lo vivido se quede fundido en el placer matutino de recordarlo al llorar.