Si usted
algún día estuvo enamorado de mi por favor dígamelo, no se vaya a la tumba con
ésa agonía, con ésa flema emocional. Dígamelo porque
aunque usted haya tomado su rumbo y yo el mío nos seguimos fundiendo en el
dolor de no podernos olvidar y yo le pregunto con toda sinceridad, a usted le
parece justo?
Justo es que
me lo diga a la cara sin refutar, que se haga una introspección y tenga el
coraje de cantarme la tabla. No me salga ahora con que después de 40 años no
conoció el amor pero que tiene la certeza de que si algo se le parece es el
sabor de mi nombre y el olor de mi pelo; Dejé lejos mi pueblo, mi vida, mi
juventud, usted cree que no lo recuerdo?
No me salga
con estas niñadas que ya no estamos para juegos, porque no lo me lo dijo antes
cuando era más fácil contar de ceros, cuando ya estoy tan lejos, cuando su
recuerdo es lo único que me acompaña, cada día, cada noche, cada intento.
Que para usted no es fácil? Dígamelo a mi que
ahora me dio el arranque de volver a mi campo y sentir el pasto y el olor a
caballo y su mano siempre tibia. Repítame que soy como nadie que conoció jamás
y que aunque bien lejos lo lleve el camino se acordará de mi; que aunque
nuestro día a día ya no sea contemplar los atardeceres por multiples que
haceres cuando caiga la sombra de la noche jamás me olvidará. No se muera con
esa agonía se lo pido por favor, porque no hay peor temor que la palabra nunca
dicha, el amor jamás revelado y el golpe de viento que se pasma entre el medio del
pecho y el corazón.
De mi boca no
saldrá palabra hasta escuchar su confesión, me va a dejar aquí sentada? Sea
honesto y ajustese el cinturón que no hay peor perdedor que el que ni dá la
batalla. Bien me lo decían en mi tierra, malaya sea la hora, que la vida es el
trabajo y los amores son cábala. Carajo! Qué me iba a imaginar yo que tendrían
razón.
Tenga la
bondad y déjeme morirme en paz que después de haberlo enterrado en mi memoria
no puede venir a figurar. Quien se ha creido usted para venirme a engañar decirme
que no conoció amor más sincero que el canto de un balsero cuando le entrega a
la luna el trabajo y el sudor al zorzal.
Mejor no me diga nada, que ya es tarde para reparar, acérqueme su cevada y vamos por el camino a cantar, que las penas del pasado en el pasado se deben ahogar, que el llanto de lo vivido se quede fundido en el placer matutino de recordarlo al llorar.