Al Llegar a la ciudad sentí la necesidad imperiosa de re-conectar con mis círculos afectivos más cercanos, la distancia y el tiempo cuando se está lejos producen esa sed de sentires conocidos. Durante el viaje no hice más que imaginar uno a uno los encuentros con aquellas personas que por varios años anhelé abrazar en cada cumpleaños, cada navidad y cada fiesta que lo ameritara. Sentía que en un día podía recorrer la ciudad de punta a punta solo para decirles “Hola, ya estoy aquí” y después, sólo después de eso dedicarles un día a cada uno desde la mañana hasta la noche, prestarles mis oídos y contarles mis historias hasta quedar tan exhausta que retornaran a la normalidad mis horas de sueño que hace bastante perdí.
Volver a la ciudad huele como febrero cuando está cerca el fin de las vacaciones y retomas la escuela, los horarios, el agite de la mañana diría mamá; Además de todo eso huele a nuevo! A cuadernos norma, a delantal blanco impecable, a medias del Only, a caja de colores completa. Volver al pueblito de nuevo es volver a vivir. Y aunque me sentía extasiada de recordar y recorrer y charlar y abrazar y caminar etc., también necesitaba volver más que nada a ellos… a esos custodios de mi vida, aquellas personas que me conocen más que nadie y que por suerte aún puedo contar con una sola de mis manos.
Supongo que te preguntas porque siendo el primero en saber de mi arribo fuiste el último a quien quise ver –Le dije entre risas por teléfono como era usual – y mientras tanto recordaba que era imposible para nosotros sostener una charla civilizada por varios motivos, los más relevantes eran: 1. El sarcasmo era nuestro tercero en discordia. 2. Nuestras conversaciones siempre terminaban siendo una batalla intelectual injustificada, 3. Hablábamos por horas eternas porque ninguno cedía el honor del argumento sintético que diera por finalizada nuestra contienda como cuando eras niño y querías al menos dar el último suspiro antes de terminar la conversación. Antes de continuar debo aceptar abiertamente que sí, que por supuesto eres poseedor de un cerebro como pocos que conocí, tu irreverencia, tu antipatía y tu ego no son más que muestras de que eres poseedor de una inteligencia asombrosa, miras a todos con desprecio y sus sueños e ilusiones te parecen historietas a medio terminar, todo lo cuestionas y todo te parece mal bajo cualquier punto de vista, pero yo no me privaría jamás del placer de escucharte, por eso te llamé, para refutarte y para joderte la vida, porque lo mejor siempre se deja para el final o por lo menos en mi caso ése es mi sello personal.
Cerveza? Ó la maestría te enriqueció el paladar? - le pregunté – Empecemos con cerveza –respondió- floja respuesta para iniciar la jornada que como era de saberse tendría desconocido final, con él jamás te imaginarías el final de lo que fuera, todo era sorpresa; la noche podía ser bohemia y tranquila o como la recreación misma de la película dirigida por Danny Boyle “trainspotting”.
Qué placer recordar aquel par de años juntos, indiscutiblemente la convivencia entre un sociólogo y una diseñadora de indumentaria era toda una hazaña sumándole tu comportamiento, un niñito mimado de mamá que no da su brazo a torcer, caprichoso, imponente, indulgente, terco, rebelde infumable. Adoraba tus estados alterados de conciencia aunque sentía un poco de temor, tanta locura suelta, una montaña rusa. Ya conocía como terminaban las tertulias con amigos, ires y venires que capitalismo, que comunismo, que Parodi, que Mars Volta, que usted me dijo y yo a usted, que el comandante Chávez y más temas de los que no quiero hablar. Al final caminábamos desde la séptima por la 53 y ahí me llenaba de temor. Recuerdas ejercicio de confianza? Malnacido!!! – Risas – Como olvidarlo niño - (siempre me dijo niño y nunca entendí por qué, de hecho su círculo familiar y social me llamaba niño y no por mi nombre). Ejercicio de confianza era la cosa más cruel que alguien me hizo jamás, es que conmigo te convertías en el hermano mayor del demonio (pobre momo como le decía a su hermana menor, aún me pregunto cómo lo soportó durante tanto tiempo). Mide aproximadamente 1.88 de estatura si no me equivoco y yo escasos 1.56 y así andábamos por las calles, orgullosos, yo parecía su llavero; nos gustaba imaginar qué podía pensar la gente que pasaba extrañada y nos observaba, yo siempre decía que se les debía ocurrir algo como: “pobre muchacha, si la agarra la mata”. Volviendo a ejercicio de confianza, con un solo brazo me rodeaba por encima del hombro y su enorme mano de pianista me tapaba por completo los ojos, así me hacía caminar desde la séptima con 53 hasta su casa y todos pensarán, “awww que dulce le describía el camino” pues NO!!!!!!! El muy infeliz me decía que suba el pie cuando en realidad debía bajarlo, o directamente no me decía nada! Andar por la calle con él era un castigo supremo literalmente, pero cuando amas de verdad todo se vuelve complicidad y risa y confianza y yo amaba, disfrutaba y reía de verdad, sus ocurrencias, sus discursos sociopolíticos, su extrema auto-exigencia intelectual y hasta su cabeza dada vuelta, sus crespos y sus lentes culo botella me parecían adorables.
Entre cerveza y risas y recuerdos charlamos de nuestro viaje a la isla, tremenda experiencia. Reíamos recordando la llegada a Cereté donde me hiciste buscar desesperadamente la casa de tu poeta favorito Raúl Gomez Jattin y cuando llegaste para mi sorpresa solo te sentaste en el pavimento a observar, solo eso y así fuiste feliz. Después el hilo conductor de nuestras historias nos llevó por la travesía hasta la casa de el gordo Eutimio, cabe resaltar a Eutimio en esta historia, señor de señores, era el rey de los pescadores camaroneros del lugar, un gorila con los ojos más dulces que ví y un corazón de oro que fue dado de baja por intereses políticos de los cuales prefiero no hablar porque duele. Jamás entendí porque sentías celos de él, si te aclaré que mi gusto se inclinaba muy por el estilo Lenny Kravitz y realmente Eutimio no encajaba en ése prototipo.
La hospitalidad y atenciones de Eutimio para con nosotros fueron quizás mucho más de lo que merecíamos, aun lo recuerdo con mucho cariño, es que, hasta nos salvó de la muerte, una vez más por caprichosos e insolentes. Eutimio tenía una lancha con la que hacía viajes cortos a una isla que se hallaba a una hora sobre el pacífico, un paraíso inexplorado donde una de las atracciones era conocer “el árbol que camina” una farsa total, pero paraíso al final, hermoso e inexplorado repito; nuestro regreso debía ser antes de las 5 porque el mar se “picaba” pero nosotros como siempre tercos e indomables hacíamos de las nuestras. Terminamos saliendo sobre las seis de la tarde… mierda que fue mala idea! Viví una de las peores horas de mi vida, jamás lo repetiría, lloré, grité recé, pedí perdón por mis pecados y hasta prometí no volver a comer pesca´o si la virgencita de Guadalupe nos salvaba de ésa y al final de toda la experiencia solo nos quedó foto mía besando la tierra y llorando mientras tu reías como condenado. Aún la conservas yo lo sé.
Era la hora y ya debía irme y le dije: “Detesto las despedidas y la nuestra no fue la excepción sabes?” Aquellos tragos contigo fueron el equivalente a transitar “stairway to heaven” cantando “all my love” de Zeppelin.
Sabes porque quería verte después de visitar mis 4 pilares previamente? Porque no podría irme de la capital sin que mi último momento fuera presenciar esa mini-expresión pandémica de mariposas en tus ojos cuando de mis labios expulsara las palabras: castigo supremo, Helguitos, momo, ejercicio de confianza, Eutimio, poesía, Raúl Gomez Jattin, Mars Volta. Niño. Ya lo presencié, ya te ví, hecho y deshecho y renové tu interés. De nuevo me voy.
Volver a la ciudad huele como febrero cuando está cerca el fin de las vacaciones y retomas la escuela, los horarios, el agite de la mañana diría mamá; Además de todo eso huele a nuevo! A cuadernos norma, a delantal blanco impecable, a medias del Only, a caja de colores completa. Volver al pueblito de nuevo es volver a vivir. Y aunque me sentía extasiada de recordar y recorrer y charlar y abrazar y caminar etc., también necesitaba volver más que nada a ellos… a esos custodios de mi vida, aquellas personas que me conocen más que nadie y que por suerte aún puedo contar con una sola de mis manos.
Supongo que te preguntas porque siendo el primero en saber de mi arribo fuiste el último a quien quise ver –Le dije entre risas por teléfono como era usual – y mientras tanto recordaba que era imposible para nosotros sostener una charla civilizada por varios motivos, los más relevantes eran: 1. El sarcasmo era nuestro tercero en discordia. 2. Nuestras conversaciones siempre terminaban siendo una batalla intelectual injustificada, 3. Hablábamos por horas eternas porque ninguno cedía el honor del argumento sintético que diera por finalizada nuestra contienda como cuando eras niño y querías al menos dar el último suspiro antes de terminar la conversación. Antes de continuar debo aceptar abiertamente que sí, que por supuesto eres poseedor de un cerebro como pocos que conocí, tu irreverencia, tu antipatía y tu ego no son más que muestras de que eres poseedor de una inteligencia asombrosa, miras a todos con desprecio y sus sueños e ilusiones te parecen historietas a medio terminar, todo lo cuestionas y todo te parece mal bajo cualquier punto de vista, pero yo no me privaría jamás del placer de escucharte, por eso te llamé, para refutarte y para joderte la vida, porque lo mejor siempre se deja para el final o por lo menos en mi caso ése es mi sello personal.
Cerveza? Ó la maestría te enriqueció el paladar? - le pregunté – Empecemos con cerveza –respondió- floja respuesta para iniciar la jornada que como era de saberse tendría desconocido final, con él jamás te imaginarías el final de lo que fuera, todo era sorpresa; la noche podía ser bohemia y tranquila o como la recreación misma de la película dirigida por Danny Boyle “trainspotting”.
Qué placer recordar aquel par de años juntos, indiscutiblemente la convivencia entre un sociólogo y una diseñadora de indumentaria era toda una hazaña sumándole tu comportamiento, un niñito mimado de mamá que no da su brazo a torcer, caprichoso, imponente, indulgente, terco, rebelde infumable. Adoraba tus estados alterados de conciencia aunque sentía un poco de temor, tanta locura suelta, una montaña rusa. Ya conocía como terminaban las tertulias con amigos, ires y venires que capitalismo, que comunismo, que Parodi, que Mars Volta, que usted me dijo y yo a usted, que el comandante Chávez y más temas de los que no quiero hablar. Al final caminábamos desde la séptima por la 53 y ahí me llenaba de temor. Recuerdas ejercicio de confianza? Malnacido!!! – Risas – Como olvidarlo niño - (siempre me dijo niño y nunca entendí por qué, de hecho su círculo familiar y social me llamaba niño y no por mi nombre). Ejercicio de confianza era la cosa más cruel que alguien me hizo jamás, es que conmigo te convertías en el hermano mayor del demonio (pobre momo como le decía a su hermana menor, aún me pregunto cómo lo soportó durante tanto tiempo). Mide aproximadamente 1.88 de estatura si no me equivoco y yo escasos 1.56 y así andábamos por las calles, orgullosos, yo parecía su llavero; nos gustaba imaginar qué podía pensar la gente que pasaba extrañada y nos observaba, yo siempre decía que se les debía ocurrir algo como: “pobre muchacha, si la agarra la mata”. Volviendo a ejercicio de confianza, con un solo brazo me rodeaba por encima del hombro y su enorme mano de pianista me tapaba por completo los ojos, así me hacía caminar desde la séptima con 53 hasta su casa y todos pensarán, “awww que dulce le describía el camino” pues NO!!!!!!! El muy infeliz me decía que suba el pie cuando en realidad debía bajarlo, o directamente no me decía nada! Andar por la calle con él era un castigo supremo literalmente, pero cuando amas de verdad todo se vuelve complicidad y risa y confianza y yo amaba, disfrutaba y reía de verdad, sus ocurrencias, sus discursos sociopolíticos, su extrema auto-exigencia intelectual y hasta su cabeza dada vuelta, sus crespos y sus lentes culo botella me parecían adorables.
Entre cerveza y risas y recuerdos charlamos de nuestro viaje a la isla, tremenda experiencia. Reíamos recordando la llegada a Cereté donde me hiciste buscar desesperadamente la casa de tu poeta favorito Raúl Gomez Jattin y cuando llegaste para mi sorpresa solo te sentaste en el pavimento a observar, solo eso y así fuiste feliz. Después el hilo conductor de nuestras historias nos llevó por la travesía hasta la casa de el gordo Eutimio, cabe resaltar a Eutimio en esta historia, señor de señores, era el rey de los pescadores camaroneros del lugar, un gorila con los ojos más dulces que ví y un corazón de oro que fue dado de baja por intereses políticos de los cuales prefiero no hablar porque duele. Jamás entendí porque sentías celos de él, si te aclaré que mi gusto se inclinaba muy por el estilo Lenny Kravitz y realmente Eutimio no encajaba en ése prototipo.
La hospitalidad y atenciones de Eutimio para con nosotros fueron quizás mucho más de lo que merecíamos, aun lo recuerdo con mucho cariño, es que, hasta nos salvó de la muerte, una vez más por caprichosos e insolentes. Eutimio tenía una lancha con la que hacía viajes cortos a una isla que se hallaba a una hora sobre el pacífico, un paraíso inexplorado donde una de las atracciones era conocer “el árbol que camina” una farsa total, pero paraíso al final, hermoso e inexplorado repito; nuestro regreso debía ser antes de las 5 porque el mar se “picaba” pero nosotros como siempre tercos e indomables hacíamos de las nuestras. Terminamos saliendo sobre las seis de la tarde… mierda que fue mala idea! Viví una de las peores horas de mi vida, jamás lo repetiría, lloré, grité recé, pedí perdón por mis pecados y hasta prometí no volver a comer pesca´o si la virgencita de Guadalupe nos salvaba de ésa y al final de toda la experiencia solo nos quedó foto mía besando la tierra y llorando mientras tu reías como condenado. Aún la conservas yo lo sé.
Era la hora y ya debía irme y le dije: “Detesto las despedidas y la nuestra no fue la excepción sabes?” Aquellos tragos contigo fueron el equivalente a transitar “stairway to heaven” cantando “all my love” de Zeppelin.
Sabes porque quería verte después de visitar mis 4 pilares previamente? Porque no podría irme de la capital sin que mi último momento fuera presenciar esa mini-expresión pandémica de mariposas en tus ojos cuando de mis labios expulsara las palabras: castigo supremo, Helguitos, momo, ejercicio de confianza, Eutimio, poesía, Raúl Gomez Jattin, Mars Volta. Niño. Ya lo presencié, ya te ví, hecho y deshecho y renové tu interés. De nuevo me voy.
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